A veces basta una sola noche para perderlo todo.
Y una sola mirada para volver a encontrarse a uno mismo.
Aiden creyó tenerlo todo bajo control. Sus sentimientos. Su cercanía. Su vida.
Hasta que un momento lo destruye todo.
Hiere a la persona que más cerca tenía y pierde con ello mucho más de lo que jamás habría querido admitir.
Paul siempre estuvo ahí.
Familiar. Real. Irremplazable.
Y de pronto solo queda el silencio.
Aiden se refugia en encuentros que no significan nada.
La cercanía pierde su valor. Los sentimientos permanecen cerrados.
Se protege: de los demás. De sí mismo.
Hasta esa noche.
Una mirada.
Una sonrisa.
Un instante que lo cambia todo.
Tom es diferente.
Silencioso. Real. Sereno.
Y precisamente por eso toca a Aiden más hondo que todo lo anterior.
Por primera vez, Aiden se enfrenta a una pregunta: ¿está preparado para abrirse de verdad? No solo para sentir, también para quedarse.
Pero ¿se puede amar cuando uno apenas acaba de aprender a soportarse a sí mismo?
¿Y qué ocurre cuando precisamente ese amor lo cambia todo?
Una historia sobre la culpa, la pérdida y el valor de empezar de nuevo.